29.9.15

La lectora y los subrayados imposibles

foto: Miguel Sampedro

Si a la lectora le prestan un libro y ese libro no le gusta, la situación es fácil. En cambio si a medida que avanza en las páginas se siente en casa, deseará marcar su territorio de lectora con birome, lapicera o cualquier cosa que no pueda borrarse (los lápices no tienen el mismo efecto), subrayando frases, párrafos, páginas enteras. No poder hacerlo la impacienta, la lleva a planear la compra del libro ni bien baje del tren o a apropiarse de ese mismo ejemplar.

Leer un libro ajeno, cuando la atrapa, es como ir a un almuerzo con ropa prestada y blanca y sentirse todo el tiempo a punto de derramarse el tuco de los tallarines. 

5 comentarios:

Liliana Schwab dijo...

¡Excelente, lectora, comparto la misma sensación!
Es una costumbre que además he contagiado a la mayoría de mis alumnos que no quieren leer en formato digital ni mucho menos un libro prestado, porque necesitan anotarlo, escribirlo, dejar sus marcas.
Un abrazo.
Lili

Anahí Flores dijo...

Ah, Liliana, vos sí que me entendés...
:-)

Sole dijo...

Me encanta. Y volver a ver anotaciones en libros después de años es casi mi versión de diario íntimo.

Anahí Flores dijo...

Tal cual, Sole. Por eso a veces es difícil prestar un libro muy subrayado y comentado.

Maria Eugenia Miqueo dijo...

jajaja, me está pasando exactamente eso con el libro de Gioconda Belli "El país de las mujeres", empecé a hacer las anotaciones en un cuaderno para no olvidarme.