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30.9.14

La lectora en dos mundos



Cuando alguien no está del todo en este mundo, los gatos se acercan. Lo hacen en silencio, prefieren no llamar la atención. Estar en dos realidades a la vez sólo es posible si hay un portal para ir y venir, y eso es lo que ellos buscan. 

La lectora anda en vaya saber cuál galaxia de páginas mientras está, también, sentada en un banco. Los gatos llegan como si tal cosa. Incluso disimulan y miran hacia otro lado. No maúllan, esperan. Saben que ella tiene el pasaje latente en los ojos y que, cuando se descuide, lo podrán atravesar.

16.4.13

La lectora y las hojas amarillas




Sentarse en otoño a leer en un banco de plaza es una mala influencia para el libro que, al ver que de los árboles caen hojas, puede tentarse a seguir el ejemplo con las propias y dejar a la lectora con la historia incompleta.

26.4.11

La lectora como en su casa

Aquí en Paris tenemos una primavera preciosa que hace difícil encerrarse a trabajar. Me voy a la calle con un libro como la Lectora.
(1979), escritora y aforista española.

Cuando uno se siente a gusto donde vive, puede ocurrir que se olvide de los problemas habituales de la ciudad y salga a caminar despreocupadamente, con un libro en la mano, sin rumbo fijo. Es al andar por las calles eligiéndolas al azar cuando aparecen los mejores lugares, como si estuvieran reservados para quien tiene tiempo de encontrarlos. La lectora está en un día así.
Al ver el banquito entre los árboles, libre y con la luz exacta del sol que comienza a irse, se recuesta como si estuviera en su cama después de una siesta. 
La lectora está segura de que el banquito la estaba esperando. No vamos a discutírselo.

12.10.10

La lectora entre páginas

foto: Lali

Cada vez que daba vuelta la página aparecía otra, con un olor sospechoso a recién impresa; sin embargo -y tengamos en cuenta que ella no había hecho pausas en la lectura- hacía más de media hora que sólo le faltaban dos hojas para concluir el libro.

Los martes miento N 209 (revista virtual semanal)

27.4.10

La lectora y sus cuerpos

foto: Lali

Busca fuera de los libros, dentro de ti.
(1944), escritor brasileño.

Ocurrió durante un momento de lectura. Se dio cuenta de que tenía varios cuerpos, todos conviviendo casi en el mismo espacio. Uno, el más obvio, el único palpable, era el físico denso. Por lo general, ese cuerpo adoptaba una posición parecida (sentada, con los brazos elevados y las manos sujetando un libro, las piernas hacia abajo, la cabeza levemente inclinada). Era el cuerpo que vería cualquiera que al pasar reparara en su presencia. Pero su persona no concluía allí. En un plano más sutil, otro cuerpo que también era ella, conformado por sus emociones, leía. Su cuerpo emocional se movía hacia todos lados impulsado por las palabras. Si un transeúnte hubiera podido ver ambos cuerpos a la vez, los hubiera encontrado superpuestos: mientras el físico permanecía inmóvil, el emocional bailaba al compás del texto asomándose desde el físico como un títere. Pero había más. En un plano aún más sutil, otro cuerpo se manifestaba: el mental, cuya materia prima son los pensamientos. El texto también hacía que sus pensamientos se movieran. Leía la palabra "noche" y miles de noches vividas acudían a acompañar la lectura. Los recuerdos orbitaban alrededor de la lectora.
Supo entonces que esos tres cuerpos no eran los únicos: otro más se hacía notar, pero no pudo descifrarlo. Asomaba eclipsado por detrás de los otros. Le resultaba indefinible con palabras como todo lo que es abstracto y que, si se lo explica, se desvanece. Así y todo, ese cuerpo hasta el momento desconocido fue el que más le gustó.
Esperemos que algún día la lectora descubra de qué se trata.