Mostrando entradas con la etiqueta en parques o plazas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta en parques o plazas. Mostrar todas las entradas

14.4.15

La lectora debería



La lectora debería ir al súper, preparar el almuerzo, barrer la casa. Debería tender la cama con más dedicación, sin amargarse porque el tiempo se vaya en esos detalles. Tendría que llamar al dentista y llevar un par de electrodomésticos a arreglar. No estaría mal ordenar los armarios, sacar del medio tanta ropa liviana, dejar a mano la de invierno. Alguna vez tendrá que decidir qué hacer con los papeles que se acumulan y con algunos objetos que llevan años sin uso, por no hablar del interior de su lap top, repleto de archivos como cajas apiladas en un altillo.

Pero hay un árbol que se inclina sobre el lago y ella se embarca en una rama, con un libro que la abstrae de esa lista y de cualquier otro intento de orden.

18.2.14

La lectora en el sube y baja



Sube y baja.
Primeros renglones.
Sube y baja.
-Mamá ¡tengo sed!
Sube y baja.
Hay punto y aparte.
Sube y baja.
Ya falta poquito.
Sube y baja.
Arena en los pies.
Sube y baja.
La última página.
Sube y baja.
Una línea más.
Sube y baja.
El punto final.
Sube y baja.
Vamos para casa.

17.12.13

La lectora se lanza



¿Cuántas palabras se llegan a leer entre el peldaño más alto de la escalera y el aterrizaje en el arenero? Las comas y los puntos traban la bajada. Leer en un tobogán da al texto un tono íntimo, casi de suspiro. La puntuación desaparece y las oraciones se exhalan de un tirón.

La lectora, que recién arranca con esta novela, se da cuenta de que deberá quedarse en la plaza hasta terminarla, a riesgo de marearse por tanto tobogán. (Una novela que se empieza en movimiento no admite que el lector se siente en un banco. Las palabras podrían estancarse.)

1.10.13

La lectora y las elecciones I


Elige un libro que ya conoce y se van a la plaza. La lectora piensa ¿cambiaría en algo su mañana si, en vez de releer esa novela, se metiera en un libro de cuentos, o en un poemario, o en otra novela? ¿Empujaría la hamaca con más o menos fuerza, por ejemplo? Es probable que algo en la luz o en el olor de las tostadas, le haya hecho recordar esa novela y buscarla antes de salir. Si hubiera desayunado un licuado de banana o si no hubiera abierto las persianas, tal vez ahora estaría con otro libro. Y ni hablar de si hubiera salido en ayunas.

16.4.13

La lectora y las hojas amarillas




Sentarse en otoño a leer en un banco de plaza es una mala influencia para el libro que, al ver que de los árboles caen hojas, puede tentarse a seguir el ejemplo con las propias y dejar a la lectora con la historia incompleta.

18.9.12

La lectora edita


La lectora tiene sus libros tan llenos de anotaciones en los márgenes, que al releerlos intercala los renglones del autor con sus propias anotaciones. A veces hay frases escritas en tinta azul, otras en verde, dependiendo de la birome que tuvo a mano en cada momento. También hay alguna que otra mancha de mate o café. Como una arqueóloga, lee todo junto: autor, ella un año atrás, ella varios años atrás. Y agrega anotaciones actuales. Subraya frases que en lecturas anteriores se ve que no le llamaron la atención. Tacha párrafos enteros que sobran. Si ella tuviera el teléfono del autor lo llamaría y le diría que para qué, que no sea tan explicativo y anule esas líneas, por favor. El libro queda, a través de los años, cada vez más subrayado, escrito y tachado. Si alguna vez vuelve a releer esa novela tendrá que ser en ese ejemplar. El que podría comprar en cualquier librería le sonaría, a ella, como un primer borrador desprolijo y sin editar.



11.9.12

La lectora Chiara y un poema de Catalinas Sur

La preciosa lectorcita Chiara encontró una buena forma de leer en el parque.


Y compartimos Migraciones, un poema de Catalinas Sur (Eloisa Cartonera, 2012) que apareció hace unas semanas en Efimerías, el blog de Vanessa Alanis.



14.8.12

La lectora y la fuente



¿Cuánto tarda una gota de agua en caer por la fuente? ¿El tiempo en que se lee una palabra, un renglón completo, más? La lectora no sabe si ella y el agua están coordinadas en esto de leer y caer. Le gusta pensar que sí, pero no se arrima a la fuente para confirmarlo. Se queda entre las páginas, mojándose en palabras.

15.11.11

La lectora saborizada


Leer y comer, no puede ser
(Refrán)
Uno de los grandes placeres de la lectora es mezclar libros con comida. En este picnic de primavera tardío, con sándwiches de tomate seco y rúcula y otras delicias, varias lectoras improvisan combinaciones. ¿Habría que tener en cuenta la coherencia entre la historia y el sabor? Por el momento, ellas ni piensan en eso y juntan novelas livianas con cup cakes de chocolate, y cuentos fuertes con jugo de frutilla. Bon appétit!

En este pic nic participaron Vero Mariani, Vero Farías, Romi Lamarque y Vir Sar.
Otras fotos del pic nic, aparecen en: Corazón de algodón, Alma Singer y Espacio Living.


20.9.11

La lectora y las flores




ilustración: Lucía Miranda
Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo. 

Proverbio árabe.

Después de hibernar por meses, la ciudad empieza a despertar. Como en todo despertar placentero, va haciendo pequeños movimientos: una hojita se estira por ahí, una flor se abre por allá. Y otra flor, y otra, y otra. Cuatro flores se desperezan y giran hacia la lectora, quien ni se da cuenta de que tiene, sobre sus páginas, a estas lectoras perfumadas.

También en: Los martes miento (revista virtual semanal) 


Y también en el Flickr de Lucía Miranda.