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30.9.14

La lectora en dos mundos



Cuando alguien no está del todo en este mundo, los gatos se acercan. Lo hacen en silencio, prefieren no llamar la atención. Estar en dos realidades a la vez sólo es posible si hay un portal para ir y venir, y eso es lo que ellos buscan. 

La lectora anda en vaya saber cuál galaxia de páginas mientras está, también, sentada en un banco. Los gatos llegan como si tal cosa. Incluso disimulan y miran hacia otro lado. No maúllan, esperan. Saben que ella tiene el pasaje latente en los ojos y que, cuando se descuide, lo podrán atravesar.

30.7.13

La lectora y la arena



A la lectora no le importa si hay una mancha de café en una página. O de mate, o de té. Al contrario, le gusta descubrir los rastros de los antiguos lectores, o de ella misma, antes. Y sabe que el libro que tiene en sus manos, por más que lo sacuda y le sople las hojas, a partir de ahora tendrá arena. No hay aspirador que consiga sacar toda la arena, nunca, de ningún objeto. Algunos granitos quedarán en el papel, dando brillo a las letras, lustrando la curva de una ese, o inventando tres puntos suspensivos dorados donde menos se los espera.

2.7.13

La lectora en pausas


foto: Diego Nogueira

La lectora lee un par de páginas. Se levanta, mira por la ventana, sale a dar una vuelta. Precisa aire, pero lleva el libro con ella. No se resiste y lo abre otra vez. Pasadas dos o tres páginas lo cierra. Camina más rápido. Es de esos libros que uno abre y cierra. No te larga hasta que lo terminás, pero tampoco se deja leer de corrido. Hay algo como una música que queda en el aire aunque el libro esté cerrado y, mientras no se diluya, es imposible hacer cualquier otra cosa.