29.6.10

La lectora indecisa

foto: Lali
Lee los buenos libros primero, 
lo más seguro es que no alcances a leerlos todos.
Henry David Thoreau (1817-1862), 
escritor estadounidense.

La lectora dispone de una hora libre. Una hora para encontrar un buen lugar donde sentarse a leer. Camina con esa firme intención, pero de pronto se detiene: la calle se divide en dos y no sabe por cuál seguir. Mira hacia una, mira hacia la otra. Ambas tienen linda luz y podrían contener sitios cómodos como los que a ella le gustan. Se detiene a esperar que algo extraordinario suceda en alguna de las dos calles y que así el destino decida por ella. Pero los minutos pasan y nada ocurre. 
La lectora se apoya en una señal de tránsito estratégicamente colocada justo donde las calles se bifurcan. Saca de su cartera dos libros. Los observa. No sabe cuál leer. Por suerte el autor de uno de los libros siente los ojos dudosos de la lectora y se propone cautivarla. No se sabe bien cómo hace, pero de pronto emana del libro un aroma a café recién molido. La lectora lo abre y el otro, que sólo huele a tinta y papel, queda relegado para más adelante.
En algún lugar, el autor sonríe y se prepara un café. 
También en:

27.6.10

La lectora in fraganti

foto: Erica
Erica Extraña -lectora de la lectorala sorprendió, ayer sábado a la tarde, en la sede Palermo del Método DeRose, en plena actividad de lectura. En sus manos, un libro sobre coreografías.

Erica dice: "Siempre fiel a si misma, encuentra tiempo, lugar y material para seguir con su costumbre de leer."

22.6.10

Estamos en la página 7 de la Oblogo N 37

Gracias a la revista Oblogo que, por tercera vez, le da un espacio a la lectora en sus páginas. Esta vez es en particular especial ya que nunca antes la lectora había sido publicada (fuera del ambiente de la web) de la mano de otro escritor, nuestro amigo Darío Kullock. Con ustedes: ¡la lectora en su auto!
La foto es del ya habitual fotógrafo de la lectora, Miguel Sampedro.


19.6.10

La lectora en un blog a estrenar



foto: Anahí Flores

Gabriela Luzzi, amiga de la lectora, acaba de inaugurar un blog propio, y nos invita a que pasemos a visitarla -vayamos-. Y como regalo de inauguración, nos ofrece un texto. ¡Gracias Gabi!




Una mañana hablando con la lectora descubrí que provenía de otro planeta, quizás del asteroide B607.
-¿Qué es eso? –me preguntó
-Es mi globo.
-Pero… ¿para qué sirve?
-Sirve para volar.
-Ah… entonces vos también caíste del cielo- me dijo soltando una carcajada.
No podía imaginar como sería el asteroide de la lectora. Sólo pude averiguar, al correr de los días, y por comentarios deslizados al azar, que allí cuidaba a un ginko biloba muy sabio. Al llegar a la tierra supo que su árbol era el único azul.
Más tarde me enteré que para su fuga había aprovechado una migración de libros salvajes. Aún conservaba uno en su bolso. El libro salvaje se abría en manos de la lectora para regalarle pensamientos e historias maravillosas. Ella lo había domesticado.

18.6.10

17.6.10

La lectora en el facebook

Erica es una fiel lectora de la lectora. Cada nuevo post, ella lo anuncia en su perfil del facebook, desde el cual otras personas lo re anuncian y así hasta que la lectora se pierde de vista. 
Y hoy nos mandó este mensajito:
La lectora en el facebook

La lectora entra con su elegancia habitual y se anuncia en el muro. Alguien nota su presencia, se acerca y así nace la necesidad de compartir. Enseguida, ella se asoma por un nuevo muro y alguien más la ve. Entonces, la lectora aparece en otros muros y, sucesivamente, va seduciendo a más y más desprevenidos, ávidos de lecturas interesantes

15.6.10

La lectora en el mundial


Collage: Julio Flores
Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio 
contra casi todas las miserias de la vida.
William S. Maugham
(1874-1965), escritor británico.

Todo lector tiene sus temas favoritos. Claro que, bien escrito, hasta el más insignificante de los asuntos puede valer la pena por la forma y no por el contenido. Pero hay ciertos ambientes de los que la lectora escapa y por eso no hay caso, no consigue pasar ni un minuto con un libro de fútbol. Está en todo su derecho y hubiera conseguido mantener abstinencia futbolera de no ser que no sólo en los libros se lee.  
La lectora va por la calle y todo, todo en la ciudad (afiches, televisores encendidos en bares, tapas de revistas) le remite a un único asunto, ese asunto, y por más que se refugie en uno de sus autores favoritos, esta vez la abstracción no le funciona y los cantitos de la hinchada se camuflan en las páginas. 
Con gran asombro, la lectora lee estas tres líneas de un perfecto 5-7-5*:


Sí sí señores,
volvemos con la copa.
¡Somos campeones!

*Un haiku (poema clásico japonés) tiene tres versos con diecisiete sílabas en total, distribuidas en cinco, siete y cinco sílabas respectivamente.


También en:
Los martes miento N 193 (revista virtual semanal)

13.6.10

La lectora en Lunes por la madrugada

Paula Salmoiraghi anduvo de visita por la lectora y se ve que la pasó bien porque hizo un comentario muy simpático en su blog Lunes por la madrugada. ¡Gracias, Paula, por recomendarnos!

Día del escritor en Argentina

foto: Anahí Flores

12.6.10

La lectora en Malvona

foto: Valeria Migoya
texto: Malvona
Hoy nos enteramos de que, ya hacía un tiempito, estaba este texto para la lectora en el blog de Malvona:
La lectora que a veces no está
Ella vive en la ciudad pero a veces no está. Viaja en subte, también en tren y en libro. Y cuando se sube a uno de estos, no le pregunta a dónde va. Le encanta dejarse llevar, descubrir nuevos mundos. Muchas veces se sorprende con paisajes e historias que nunca imaginó... y otras veces termina en la esquina de acá a la vuelta. Pero si esto sucede, no tiene ningún problema. Porque se toma otro libro que justo iba para Japón, y se queda allá, a tomar el té y dormir la siesta. La lectora en la ciudad, que a veces no está.

9.6.10

La lectora en su auto
















Una vez más, nuestro amigo de El nido prestado escribió un cuento para la lectora, y esta vez con la foto automovilística hecha por Miguel Sampedro, leyendo el libro que nos regaló Cecil durante el swap organizado por Sweet Carolaine.

La lectora en su auto

La lectora se sube a su auto nuevo pero a las pocas cuadras siente un tironeo, un síntoma inequívoco de síndrome de abstinencia. Necesita continuar el libro que dejó marcado en la página 46 con la oreja superior de la hoja doblada. Acostumbrada como está a leer mientras viaja en el colectivo o en el tren, su nueva adquisición automotriz es un estorbo, una molestia imprevista. En el siguiente semáforo despliega el libro en la página señalada y busca el renglón en el que su lectura se vio interrumpida. El tiempo demuestra otra vez su relatividad y lo que para la lectora es un momento insuficiente, para el resto de los conductores es una eternidad y aunque ella ignora los gritos y bocinas, una mano golpea su ventanilla y la devuelve a la realidad. La lectora se detiene junto al cordón para terminar ese párrafo, no puede seguir rumbo al trabajo sin saber cómo termina, y lo mismo le pasa con el párrafo de abajo y luego con el siguiente. La lectora llega tarde. Con el pasar de los días trata de perfeccionar su método de lectura e intenta de varias formas leer cuando el auto se detiene, bendiciendo los embotellamientos porteños, pero sus llegadas tarde la dejan al borde del despido. Finalmente la lectora concluye que manejar un auto y leer son actividades incompatibles y peligrosas cuando van juntas. Los días siguientes la lectora viaja nuevamente en colectivo, vende el auto y recupera sus horas de lectura, los pormenores del tránsito quedaron nuevamente fuera de su universo

1.6.10

La lectora en la casa mínima



Foto y segunda teoría: Magê Flores
La lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones.
Nuria Espert
(1935), actriz española.

Hay dos teorías: o bien la lectora se concentró tanto que generó una fuerza de atracción y todo a su alrededor se apretujó sobre ella -incluso la casa, que se fue comprimiendo hasta quedar literalmente a su medida- o bien la casa, sin motivo aparente, se achicó en exceso y a la lectora sólo le restó salir al balcón para no perecer en el cuarto cada vez más diminuto.
Pero ni la lectora ni la casa nos brindan una explicación. Por el momento, tendremos que convivir con la duda.