16.4.19

Taller de cuento

Se viene el taller de cuento, a distancia, doce clases, doce autores (aunque en el flyer hay diez). Arranca en dos semanas y hay un par de lugares. ¿Quién se suma? 

9.4.19

Extranjeros de lo cotidiano


Fernando Farías comentó Criaturas para La palabra de Ezeiza.
Link a la nota original.

Dice Farías: 

¿A quién no le pasó que, ante una situación extraña, se sintió tan fuera de lugar que el mundo le pareció un lugar desconocido? Esa es la impresión que prevalece tras la lectura de Criaturas (Alto Pogo, 2018) de Anahí Flores. Ya desde la misma contratapa, Yair Magrino nos advierte que estos cuentos construyen un sutil destierro que incomoda y tensiona. Mediante un lenguaje directo y cuidado, cada historia está diseñada para que el lector se vaya deslizando hacia terrenos pantanosos, mientras se insinúa que bajo la superficie existen engranajes insólitos, a veces terribles, en su mayoría estremecedores. En muchos de los relatos, los personajes deben enfrentar una realidad en permanente evanescencia. El comienzo de “Marea alta” sirve como muestra: “Rita despierta con la voz de su hija balbuceando desde el cuarto de al lado. Dejá que yo voy, le dice a Fabiano que, ella cree, levantó la cabeza en la oscuridad. Al salir de la cama se engancha en el mosquitero. Oye las olas a pocos metros de la cabaña, recuerda que no están en casa. Camina con los brazos hacia delante, tanteando la humedad marina en el aire. Hay un mosquito cerca, manotea para espantarlo y tropieza con una silla que choca contra la pared”. El desconcierto se multiplica a través del horror cósmico en “Anfibias”, el delirio a lo Terry Gilliam en “Paredes altas y blancas”, la comedia negra en “La constelación”, con figuraciones asombrosas en “Espejismo” y hasta terror parpadeante a lo Henry James en “Aniversario”, entre otras formas sombrías. Aun cuando las respuestas no siempre están completas, estas criaturas van dejando huellas de lo anómalo y nos invitan a saborear esa inigualable sensación de sentirnos extranjeros de lo cotidiano.

30.3.19

Quizá en otro momento en El almacén de libros

Martín Etchandy escribió sobre Quizá en otro momento para El almacén de libros.
Link a la nota original, acá.


Quizá en otro momento es el título del nuevo poemario de Anahí Flores. Y también una de las múltiples respuestas que asoman en los mails que la autora ha recibido tras ofrecer sus obras a diferentes editoriales, excusas y rechazos que ella se ocupa de transformar (a veces con mínimas modificaciones) en deliciosos poemas. Asoman entonces los editores que prometen ponerse en contacto con la escritora “dentro de un par de años” (lo cual podría remitir al título de aquella obra de Eduardo Pavlovsky, La espera trágica), los que afirman sin miramientos que “la poesía / vende mucho menos / que los cuentos y las novelas” (“a la hora de los bifes”, aclaran por las dudas), quienes confiesan (con cierto espíritu liliputiense) “hemos tenido que reducirnos” o aquellos que directamente sentencian que el material enviado “está un poco crudo”. “Estamos quebrados”, dirá el responsable de otro sello editorial, con el mismo aire lastimoso con el que otro responderá “tu oferta no es para nosotros”. También abundan las contradicciones (“No podemos editarlo (…) lindo texto”) y hasta frases que bien podrían ser dichas por un abogado en un proceso de división de bienes (“con el 50 % empezaríamos”). Todo por supuesto, sin perder las formas (“saludos cordiales”, se despiden por ahí). Uno de los mayores aciertos de Anahí en este segmento de su obra es lograr que los lectores “vean” en cierta forma a la persona detrás de la pantalla y el teclado y hasta puedan imaginar algunas situaciones a partir de estas respuestas. En mi caso, leer “La nuestra / es una editorial con varios editores / Nos es difícil ponernos de acuerdo” me llevó a pensar en un comunicado de este sello en su sitio de Internet, anunciando algo así como “Por no haber podido ponernos de acuerdo nuestra editorial no publicará libro alguno durante el corriente año”. O imaginarme, tras leer “Siempre alguno dice: / -A mí no me parece / Y adiós libro”, a una ignota secretaria pasando el manuscrito de algún desdichado autor por una trituradora de papel. Lo mejor es que Anahí no juzga ni lanza sentencias (como sí otros lo hacen con sus libros) sino que apela a la sutileza y a la precisión para brindarles a los responsables de estas editoriales un espejo que los refleja a la perfección. En definitiva, son sus propias palabras las que la autora convierte en poemas. La ironía aparece siempre como una poderosa aliada.
Por el libro asoman también en otro capítulo aquellos seres  que solo están dispuestos a leer obras que “dejen mensajes” porque, en definitiva, sentarse con un libro no deja de ser una “inversión de tiempo”; aquellos que aseguran tener “varias historias de la vida real” que podrían servir para hacer “un gran libro”, los que prefieren lecturas con “más acción” antes que otras que los obliguen a reflexionar o que preguntan extraviados “para qué sirve un cuento / o un poema” si, en definitiva, las ficciones “son todas mentiras”. La mirada de la autora, siempre atenta, por momentos mordaz, permite nuevamente una pintura exacta de tantos lectores (¿o no lectores?) que abundan por ahí.
Completan la obra un conjunto de muy disfrutables poemas que bajo el título de “Anatomía” nos hablan de seres, valijas y colectivos que se deslizan bajo el amparo de una lluvia intermitente y un segmento que permite oír las voces que circulan en un “Taller de poesía”. Justamente, en este taller, alguien señala que “el poema nos da una realidad paralela”. De numerosas y atractivas realidades se nutre el pulso, la escritura, el ángel de Anahí en esta, su última obra.


29.3.19

Anahí Flores es una soldadora auténtica

Nunca me habían comparado con una soldadora. Me encantó. 
Les paso la reseña de Quizá en otro momento que Sandra Patricia Rey subió hoy al instagram de Mégara:

Fabián Casas dice que un poema "debe tener una falla, un lugar de apertura para que los lectores puedan meter su propia experiencia" y no puedo estar más de acuerdo.
Con otras cosas que dice también. Esta por ejemplo: "La literatura no es para soldados, es para soldadores", lo cual explica muy bien: "Trabajar como un soldador es unir y mezclar, cruzar cosas que aparentemente no pueden ser cruzadas. El soldado es todo lo contrario: recibe y da órdenes y para mí por lo general no puede escribir poesía o lo que escribe es una poesía que da órdenes." 
Anahí Flores es una soldadora auténtica, lo demuestra su obra, sea del género que sea. Ella no escribe buscando ser original (búsqueda la de la originalidad que, como bien dice Casas, suele ser bastante improductiva), aunque el resultado lo sea. Y es uno de sus grandes méritos, que lejos está de ser el único. 

¿Juntar vivencias de taller y que aparezca la esponja de Casas? Digo, el consejo. ¿Consejo? No doy ni tengo. Pero me quedé con eso de que hay que descubrir en el texto las verdades no dichas.
"-A veces el poema se larga a decir cosas que uno ni sospechaba -nos dice-..." 
Así dice Anahí que decía Fabián. ¿O dice el poema que escribió Anahí? Poema que está dedicado a Fabián Casas. TALLER DE POESÍA, así con mayúsculas y en negrita. ¿Lo habrá dicho Casas? 
"Nadie cuestionaría que la obra/de Neruda o de Lorca sea poética./Tiene versos, estrofas, rimas, sílabas./Uno la ve y no duda: son poemas..."
¿Y la otra? La que resulta de amalgamar cosas que en apariencia no están destinadas a  juntarse. Esa también es poesía, solo hay que experimentarla.
Entrarle por la falla, sentirla, quedarte en suspenso por un momento, al descubrir que un libro de poemas te puede devorar desde Alem hasta Medrano. Y cuando levantás la mirada te encontrás con una mujer que llora. ¿Qué la hizo llorar? te preguntás, impotente ante la lágrima que rueda y cae. No podés hacer nada. O sí. Volvés al libro de poemas: "...hay otra poesía más difícil,/menos empática y catalogable/que exige mayor tiempo de lectura,/intenten acercarse sin prejuicios..." Palabra de quién seguro sabe qué hacer con una lágrima inesperada.


 

26.3.19

Taller de poesía


Una vez hice un taller de poesía con Fabián Casas.
Mientras él hablaba, yo hacía anotaciones en mi cuaderno. Cantidad de anotaciones. Aprendí un montón. Releí muchas veces el cuaderno. Transformé las anotaciones en poemas. Leí los poemas en ese mismo taller. Dijeron muchas cosas. Algunas las tomé, otras no. Lo importante es que a Fabián pareció gustarle. Era fin de año y el taller terminó. Pero yo seguí trabajando en “Taller de poesía”, que es la primera de las cuatro partes de Quizá en otro momento (Halley Ediciones, 2019).  
Se presenta el domingo 31 de marzo a las 17 en Jigger.
Humberto 1º 420 (frente a Plaza Dorrego).



23.3.19

Todo lo que es poesía

Link a la nota original en Merece una reseña.
¿Cuál es el material de la poesía? ¿Con qué es posible poetizar? Anahí Flores (Buenos Aires, 1977) promete una respuesta: Quizá en otro momento, el título de este libro de poemas publicado este año por Halley ediciones. La propuesta surge en cada página y desde el primer poema:
“Lean a Ponge —dice—. Sus poemas nacieron / de observar un objeto, de frente y de perfil, / de atrás, arriba, abajo, de meterse en la cosa / hasta desconocerla”.
¿Es posible hacer poesía del proceso mismo? “Taller de poesía” es la primera parte del poemario. La búsqueda y el encuentro de la voz, el objeto a mirar y la mirada, los autores, las imágenes a capturar, el diálogo con la prosa, lo que el texto provoca, todo se vuelve lírico. Lo poético se alimenta de su construcción, la metapoesía; ella misma, su propio material. Lejos de autofagocitarse, se reproduce y se ramifica.   
Después, cuando ya está escrito, corregido mil veces, revisado y vuelto ajeno, la búsqueda de editorial y entonces, otra vez, ¿es posible hacer poesía con ese recorrido? Anahí Flores nos contesta que sí. Ella recoge las mil y una respuestas: evasiones, rechazos, dilaciones, rodeos, propuestas de lo más variadas, sarcasmos, maltratos, incertidumbres, ambigüedades, todo eso y más hecho verso risa, humor sutil pero certero. Las palabras, así, resuenan y son melodía y del muestrario del mailing surge un manuscrito propio, espejo de dos caras en el que cada uno sabrá de qué lado reflejarse.
“Con toda franqueza / (quizá eso no te lo digan / en otras editoriales) / aunque los docentes la pidan, / la poesía / no vende”.
La sección “Así que escribís” es el encuentro con un otro extrañado a lo literario, lejano, misógino, una mirada desde el prejuicio o el desdén. Y otra vez, de un material fangoso, poco amable, la belleza de lo poético se revela, aflora y redime.
“Claro, tenés razón, / un adulto también puede leer cuentos, / qué hay de malo en eso.
Yo no tengo prejuicios”.
Hacia el final, la mirada hace un juego de doble faz entre lo externo e interno del propio eje. Puede encontrarse un indicio en la imagen del avión de la portada, el título del libro y la última parte, “Anatomía”. Es una idea de partida y sin embargo, es un viaje al cuerpo en otro lado. Es el vaivén del dentro- fuera como si fueran completamente reversibles. ¿Cuál es la escenografía, el paisaje o el cuerpo? ¿Hay límites? ¿Se diferencian? ¿Importa? En este caso, la ausencia de certeza es la respuesta.
Quizá en otro momento es la promesa, la espera, la pregunta que se reproduce y gira, la propuesta cotidiana de la poesía.

22.3.19

Taller de cuento

Lo que se viene para abril.
Informes: anahiflores.org@gmail.com