16.10.18

Criaturas en Revista Kundra



Reseña de Criaturas para la Revista Kundra


Nació en Buenos Aires en 1977. Se dedica a escribir y dar talleres literarios. Tiene publicados: Ciertas horas de la primavera (La Carretilla Roja). Se durmió y otros poemas (Bajo la Luna, Tercer premio FNA). Todo lo que Roberta quiere (Textos Intrusos); Catalinas Sur (Eloísa Cartonera) y Limericks cariocas (Caki Books Editora, Río de Janeiro). Participó de distintas antologías de cuentos y poesía.

Mirar la tapa y empezar a sentir una especie de picazón. Empezar a leer y tener en claro que hay que ponernos cómodos para estar incómodos. Y para darnos cuenta de esto no hay que terminar libro, basta con leer algunos párrafos de “Anfibias”, cuento con el que abreCriaturas, de Anahí Flores.

Ya desde el inicio Anahí Flores nos hace notar que nada en su escritura es azaroso, que tenemos que estar atentos porque no hay detalles de relleno, que estamos frente a un todo compacto entre lo escrito y lo oculto. Un recorrido que nos va a dejar siempre con la sensación de no haber leído bien, de que nos faltó algo. Y no. Si esperamos una resolución certera de cada texto, este no es el libro.

Cada uno de los textos nos desafía a creer que la próxima vez que enfrentemos una situación habitual o posible (tal como visitar a alguien en el hospital, ir a un chequeo, a un spa o a buscar vacantes a un colegio) deberemos estar más atentos.

Y así, mientras pensamos en eso, volvemos al libro y encontramos refugio, como le pasa a la protagonista de “Lisboa”, que alterna entre la paranoia generada por el exceso de información y conexión y una escapada a Portugal en el 1900: “…Cuando abrís un libro te sentís en tierra firme, a salvo sobre todo de ese movimiento constante que hay en tu cabeza”. Porque ahora todo es más visible, no cómo antes. Y ese antes en el que no saber daba la sensación de estar a salvo, nos puede incomodar cuando los recuerdos despiertan. Aún peor, cuando recuerdos ajenos nos incomodan. Entonces a vos fanático de lo vintage, “Aniversario” tiene para decirte que tengas cuidado, que las antigüedades vienen cargadas de recuerdos que pueden despertar: “Esa misma mañana decidió que sacaría todas las antigüedades de la casa. No hubiera soportado que otros muebles también despertaran”.

Criaturas transcurre y todo empieza a parecer menos absurdo. Cualquiera puede enfrentar a una burocracia Kafkiana por el afán de pertenecer. Incluso desarmar un bar con una simple observación “¿Sabías que este es mi cuarto?”. O recurrir a la injusticia de lo clandestino “Recuerda la sala en penumbras, el médico que ni siquiera la saludó, la anestesia local y el sonido, dentro de ella, igual a raspar una olla que quedó con comida pegada del día anterior”.

Dentro de “Criaturas” no sólo podemos conectar con Kafka, Camus o Beckett también sobrevuelan en algunos pasajes, y eso, enaltece la pluma de la autora, sin dejar de lado que su escritura tiene vida propia

9.10.18

Presentación de Bailarinas - Imágenes

Anahí Flores y Javier Marin

Ariel Bermani, Fernanda García Curten, Laura Massolo y Anahí Flores

Anahí Flores y Carolina Bruck

Maumy González y Anahí Flores

Ariel Bermani, Maumy González, Carolina Bruck,
Laura Massolo, José María Marcos, Fernanda García Curten,
Anahí Flores y Javier Marin.

Bailarina de la escuela Arte XXI


6.10.18

Somos radio


Hace unos días conversé con Mario Giorgi en Somos Radio.
Les dejo la charla en este link.

5.10.18

Total interferencia

Hace unos días conversé con Gabriela Borrelli sobre Bailarinas, en el programa de radio Total interferencia (Futurock).
Me divertí mucho durante la charla, podés escucharla haciendo click aquí.


4.10.18

Cuatro reseñas de Bailarinas

Revista Acción
Diario Popular

El almacén de libros

Rev. Miraba



3.10.18

¡Es hoy!

Están todos invitados a la presentación de Bailarinas hoy, miércoles 3 de octubre a las 19 hs en el Centro Cultural de la Cooperación, Sala Pugliese. Avenida Corrientes 1543.



2.10.18

Flores

Mañana se presenta Bailarinas, libro del cual soy compiladora. También soy autora de uno de los cuentos, inevitablemente el más antiguo del libro ya que fue el impulsor del proyecto. Les cuento cómo fue el proceso de escritura:


La primera versión de No sin cariño tenía otro título, otros personajes y otros escenarios. Nació en el 2009, de una consigna que Hugo Correa Luna nos dio en Casa de Letras durante la carrera de Escritura Creativa. Tenía la historia de la gillette dando vueltas hacía rato y aproveché la consigna para ponerla en un cuento. Cinco años después lo reescribí de cero, sin releer la primera versión. Cambié tantas cosas que si uno comparara ambos archivos creo que sólo coincidirían la gillette y la atmósfera del ballet. Digo “creo” porque nunca releí la versión antigua y por suerte no guardé ninguna copia. 
Me gusta el ballet desde niña, hice clases de clásico muchos años y luego me alejé de ese mundo. A través de estos cuentos vuelvo a bailar, a mi manera, en compañía de un ballet de escritores nada homogéneo.

Anahí Flores y Bailarinas
El libro se presenta el miércoles 3 de octubre a las 19 hs en el Centro Cultural de la Cooperación, Sala Pugliese. Avenida Corrientes 1543.

1.10.18

Ensayo

Bailarinas de la escuela Arte XXI preparándose para la presentación de Bailarinas.



García Curten, Moulia, Bruck


Tres de los autores de Bailarinas (Desde la gente, 2018) nos cuentan cómo fue escribir para este proyecto.

El libro se presenta el miércoles 3 de octubre a las 19 hs en el Centro Cultural de la Cooperación, Sala Pugliese. Avenida Corrientes 1543.

Dijo García Curten:
Conocí el mundo de la danza desde adentro. También solía almorzar al pie de la Torre de los Ingleses cuando, siendo nena / adolescente, venía en tren a Buenos Aires, cada semana. No tuve que documentarme para encarar la escritura de este cuento, aunque sí desenterrar viejas páginas y otros apuntes sin destino, revolver archivos que deberían verse amarillentos hasta en la pantalla de mi laptop, y aceptar que una vez más estaba escribiendo sobre “esto”. Luego de ahuyentar resistencias y cierta inquietud por lo de reincidir (mi primera novela tiene como protagonista a una bailarina) supe que aceptaría participar de la antología. Con escenas larvales extraídas de un proyecto de novela a medio escribir todavía en el cajón, pasajes que se enlazan sin tocarse o que mezclan aguas o que corren en paralelo con la historia de La reemplazante, pero especialmente gracias a la energía contagiosa de Anahí Flores –a su dedicación y paciencia- pude entrever el recorte de esta historia en aquel borrador desbordado. Pensarla como un cuento posible, más allá de las otras historias latentes que la confirman o desmienten. 
Bailar, a veces, puede ser igual que callar; un hermoso y desesperado callar. Por eso agradezco esta nueva oportunidad de encontrar una voz en las palabras. 


Francisco Moulia
Dijo Moulia:
Escribir sobre danza fue un desafío. Lo poco que sabía estaba ligado a experiencias personales en fiestas o boliches en donde el alcohol nos conecta con nuestra parte más tribal: el movimiento del cuerpo como un rito. No esperamos que llueva, ni dejar o quedar fecundados por bailar, pero nos movemos tratando de ser coherentes con la música. Eso, de alguna manera, es danza. En parte decidí involucrarme con este proyecto para legitimar incontables papelones. 

Hablando en serio, me interesó el desafío, ir a ver qué pasaba en ese mundo. Tuve la suerte de poder entrevistar a una bailarina del Teatro Colón que me narró la dimensión más oscura de la danza profesional. Siempre me resultó atractivo ver qué hay del otro lado, no de la escena, sino de la persona. ¨Podridas raíces¨ es un relato de ficción en el que traté de humanizar al bailarín. Intenté plasmar que detrás de esa experiencia estética del movimiento hay una persona, y que, muchas veces, para alcanzar esa gracia de lo sublime, tiene que existir un contrapeso de miseria. 

cuadro de bailarina que hizo la hija de Carolina Bruck
Dijo Bruck:
“Yo lo que quería era bailar y estudiar literatura, pero la guerra me hizo modista”, me confesó muchas veces mi abuela. Proyectadas por el deseo, las dos actividades asomaban como un espacio de libertad. Uno de los libros que me fascinaba de la biblioteca de la vieja era Mi vida, de Isadora Duncan. Lo leíamos juntas para invocar sus dos pasiones. En esas páginas, Isadora rescataba una danza que emulaba a la naturaleza, y se burlaba de los movimientos repetitivos de las bailarinas clásicas. Yo era una nena torpe, panzona y distraída, así que esa mirada del baile me venía perfecta. Mucho mejor que la de los cuentos infantiles de bailarinas esforzadas, o la de los ballets aburridos del Teatro Argentino de La Plata. Me liberaba, por ejemplo, de tener que seguir las coreografías de mi maestra o de los rikudim, esos bailes judíos tan sincronizados. Pero, claro, la liberación era también una impostura, una forma de camuflar la envidia por aquellos cuerpos que podían acomodar su paso al de los otros. La envidia infantil (de la mala) fue el punto de partida para escribir “Qué picardía”, un cuento donde el ballet despunta en unos espacios desangelados —actos escolares, clases barriales, efemérides ciudadanas— para funcionar como emblema no se sabe muy bien de qué. El imaginario de partida me lo dieron más el cine y la pintura que las letras. El cisne negro, Flashdance y Degas estaban en el horizonte; mientras que las referencias en el papel venían de Ocampo, Uhart, Lispector. Las escuchaba en sordina, eran ecos de voces rebeldes. Unos años antes, había escrito también un cuento en el que se bailaba tango. Ahí estaban la técnica, los cabeceos, los peluquines, la milonga. En ese ambiente viciado, como quería mi abuela, había podido bailar y leer literatura.