23.5.17

No será mucho

Amanece lluvioso, y Giselle Aronson me escribe para avisarme que subió a No será mucho uno de los poemas de Se durmió (Editorial Bajo la Luna, 2014). Es el que cierra la serie Se durmió. Me acuerdo que cuando lo escribí, estaba escuchando la lluvia sobre la Avenida Libertador, los sueños de Sofi y la voz de Ella Fitzgerald que cantaba Summertime.

Pasen por aquí, y no dejen de escuchar la canción de Gershwin.

Summertime

Summertime, and the livin' is easy
Fish are jumpin' and the cotton is high
Oh, your daddy's rich and your ma is good-lookin'
So hush, little baby, don't you cry
One of these mornings you're gonna rise up singing
And you'll spread your wings and you'll take to the sky
But till that morning, there ain't nothin' can harm you
With daddy and mammy standin' by

One of these mornings you're gonna rise up singing
And you'll spread your wings and you'll take to the sky
But till that morning, there ain't nothin' can harm you
With daddy and mammy standin' by
Summertime, and the livin' is easy
Fish are jumpin' and the cotton is high
Oh, your daddy's rich and your ma is good-lookin'
So hush, little baby, don't you cry.

16.5.17

Taller de nouvelle - inscripciones abiertas

En junio arranca uno de los talleres que más entusiasmo genera: el de novela corta o nouvelle.

A lo largo del taller, que dura cuatro meses (aunque el año pasado se alargó, a pedido del grupo) cada uno irá construyendo su nouvelle. La idea es que todos terminen el taller con un primer borrador relativamente listo.
Las vacantes son poquitas (ocho como máximo) y ya hay algunas ocupadas.
Metodología: a distancia, por mail, en un PDF.
Si querés más información, escribime a: anahiflores.org@gmail.com


9.5.17

Jorge Aulicino - contratapa de Ciertas horas de la primavera

Le mandé un mensaje a Jorge Aulicino para pedirle que escribiera la contratapa de mi próximo libro de poesía, y me respondió que él no creía en las contratapas. Me encantó eso, ya que muchas veces me molestan las flores que un autor le tira a otro en contratapas, reseñas, entrevistas, etc. Pero después me dijo que igual quería leer el libro, y le mandé el PDF por mail. Qué felicidad cuando, a los pocos días, dijo que sí, que la escribiría. 
Al final, la contratapa terminó siendo la mejor parte del libro. 
Se las comparto, aquí abajo.
(Y gracias, Aixa Rava, por las fotos).

Como si trataran de atrapar una sincronicidad jungueana, estos poemas obran a veces como estampas móviles, en tres dimensiones y a veces en cuatro. Se trata de una recreación de detalles que puede evocar para el lector lo que afirmaba Carl Jung respecto del momento sincrónico: absolutamente todo lo que sucede en un instante tiene la índole peculiar de ese instante.  De aquí, en dos brazadas estamos en el satori o epifanía, según uno sea budista o cristiano o crea en una realidad que, según nos paramos a mirarla, se hace más cierta y más extraña. Las cosas, los acontecimientos que viven personas desconocidas, el paisaje: nada está quieto y a la vez cada detalle forma parte de la misma unidad cambiante: la hora que marca el reloj, los números, los pasos, las luces, las ventanas de un bar, las caídas, las palomas, los olores, el aire del subte o de las calles. El registro de Ciertas horas de la primavera juega a que se produzca, al mirar de nuevo la imagen que fijó una cámara, la aparición de pormenores que no tuvimos en cuenta, siluetas, objetos, sombras o reflejos que nos hablan de que este mundo no es uno y unívoco. Hay otros en él. 
Jorge Aulicino

Con Jorge Aulicino en la Quinta Trabucco,
él está muy bien en la foto (como verán),
yo, en cambio, parece que no dejaba de hablar.

2.5.17

Primeros ejemplares

Editar en otoño un libro que se llama Ciertas horas en la primavera es un despropósito, ya lo sé. Pero juro que cuando Mauro Quesada me dijo: tu libro saldrá en la primera parte del 2017, no se me ocurrió que mejor sería esperar hasta septiembre. 
Tal vez por eso haga tanto calor en estos días. O tal vez yo esté temporariamente en el hemisferio equivocado. Todo puede ser.




25.4.17

Ciertas horas de la primavera

En unos días llegan los primeros ejemplares de Ciertas horas de la primavera, que sale por La carretilla roja
Muy agradecida Mauro Quesada, por confiar en el libro y editarlo. A Jorge Aulicino, por su lectura y texto de contratapa. Y a Diego Berger, por el dibujo de la tapa.

6:48 AM
Las copas de los árboles protegen
de la lluvia.
Una mujer camina sola.
Los tacos retumban
como un reloj de péndulo.
El viento mueve
hojas y pollera.
A menos de un metro y a sus espaldas,
un hombre.
Cuando él está a punto de chocarla
algo la sobresalta. Nota
que no está sola.
El hombre sigue de largo.
Al final del túnel vegetal
la lluvia cae
fuerte y filosa
como una navaja.

18.4.17

Arquitecturas y poemas

Tengo algo con la arquitectura, los espacios y la gente que los habita.

Desde el 2010, ese “algo” empezó a plasmarse en el papel.

Primero con La plaza, donde quedó retratada la plaza de mi infancia, en Catalinas Sur. (Paisanita Editora, 2013).

En los meses de mi embarazo se me dio por el nonsense y surgieron los Limericks cariocas. Cada limerick ocurre en un barrio diferente de Rio de Janeiro, ciudad en la que pasé algunos años. (Caki Books, 2011).

Luego, vino Catalinas Sur, poemario ambientado en el barrio del mismo nombre. (Eloisa Cartonera, 2012).

Tiempo después, escribí Ciertas horas de la primavera (de próxima aparición en La carretilla roja), donde reuní poemas que yo veo en Retiro, barrio en el que acabo de dejar de vivir, aunque podrían también sentirse de otros barrios céntricos.


Ahora, esta misma mañana, estoy metida en una serie de poemas que transitan por Florida, o por el departamento de Florida al que ya empezamos a llamar “casa”. 

Florida

11.4.17

La cocina del libro Se durmió y otros poemas

Me preguntaron de El almacén de libros cómo surgió Se durmió y otros poemas. Les comparto mi respuesta y acá la nota completa.



Se durmió y otros poemas (Bajo la Luna, 2015) está formado por tres libros independientes. Los uní porque para participar del premio del Fondo Nacional de las Artes hacía falta un mínimo de páginas. Ahora veo, con el libro ya listo, que me gusta cómo conviven estas series, aunque son tres mundos diferentes. 
Se durmió es la serie de diecisiete poemas que da inicio al libro. Era 2013 y hacía un año y medio que no dormía más de tres horas de corrido (tiempo máximo de sueño de mi hija). La frase que más debo haber dicho en ese tiempo fue “se durmió”: implicaba que yo podía dormir también, o ponerme a hacer otras cosas. Repetía esas dos palabras casi como un mantra, de ahí la necesidad de que todos los poemas empezaran igual. Dormir (o no dormir) se había vuelto una obsesión y nada mejor que una obsesión como impulso para escribir. Me acuerdo de que un día dormí cinco horas de corrido. Entonces, escribí el último poema de la serie. Ya no tenía sentido continuarla. 
Poemas frescos es del 2010 y está lleno de transportes públicos (subtes, colectivos, combis) porque vivía en Pilar y no manejaba (sigo sin manejar). Muchos poemas los escribí en cuadernos mientras iba de un lado a otro. En aquella época cursaba el segundo año de la carrera de escritura creativa en Casa de Letras y Damián Ríos me acababa de iniciar en la poesía de Fabián Casas. Eso influyó mucho en esta serie y fue un honor que, cuatro años después, el propio Casas formara parte del jurado en el Fondo Nacional de las Artes. 
Motas de polvo, también del 2010, es la serie más corta. O es un único poema en ocho capítulos. Creo que es corta porque le falta oxígeno. A mí me faltaba oxígeno mientras la escribía: estaba pasando un tiempo en la altura (entre cuatro mil y cinco mil metros, en Salta) y eso tiene sus consecuencias. Había mucho polvo y el polvo se coló en los poemas.
Cuando me llamaron para anunciarme el tercer premio (a mi celular, era un día de sol, estaba en Pilar y atendí de casualidad porque no suelo responder si el número es desconocido), lo primero que pensé es que sería muy feliz si Bajo la Luna lo recibía en su catálogo. Le mandé un mail a Miguel Balaguer y la respuesta llegó enseguida. Algo de eso él contó el día de la presentación, en la librería Runrún.

4.4.17

Taller de cuentos epistolares, empieza mañana

Mañana arranca el taller de cuentos epistolares. Es a distancia, por mail, y durará seis clases. Último momento para anotarse: hoy. 
Inscripciones: anahiflores.org@gmail.com

28.3.17

La cocina del cuento Frente al glaciar

En La Aquateca, Maumy González está dando una serie de talleres virtuales y gratuitos muy interesantes. En el taller de marzo, trabajó con mi cuento Frente al glaciar (quien quiera, puede leerlo en La Aquateca, entrando a este link). Maumy me pidió, para el taller, que le contara cómo surgió la idea del cuento. Les comparto lo que le respondí.



La cocina de “Frente al glaciar”

En enero de 2011 pasé casi un mes en el campamento base del Aconcagua, a 4.300 m de altura. Ahí, en Plaza de Mulas, hay una ciudad de carpas, en su mayoría habitadas por extranjeros. Algunos suben en diciembre, se quedan hasta marzo y se instalan con paneles solares y conexión satelital, entre otros lujos. En el extremo opuesto están los que van de pasada con el único motivo de aclimatar el cuerpo (o sea, adaptarlo a la altura), para luego intentar “hacer” cumbre.
A cierta distancia de lo que sería el campamento base, pero visible desde ahí, hay un hotel que recuerdo de piedra y madera. Entre los habitantes “estables” de Plaza de Mulas (aquellos que se instalan durante la temporada y que suelen ser médicos, rescatistas, porteadores, etc), se cuentan historias de fantasmas que transcurrieron en el hotel y en la región en general. Es costumbre, en esos ámbitos, compartir relatos de hechos sobrenaturales que le pasaron “a un amigo de un amigo”. La falta de oxígeno y la cercanía con el peligro extremo facilitan este tipo de experiencias. No es raro que alguien que antes hubiera visto los relatos de fantasmas como ficción, empiece a tomarlos como una alternativa posible y real después de pasar cierto tiempo a más de cuatro mil metros de altura. El ambiente modifica nuestras percepciones. Con frecuencia, entre los que suben, más de uno tiene una experiencia propia con “alguien invisible o incorpóreo” y luego la comparte, dando espacio a la duda: ¿habrá ocurrido en serio o será sugestión?
Inspirado en una historia que me contó un porteador (¡era de noche y me impactó!), nació Frente al glaciar. El glaciar en cuestión es el Horcones y la primera versión la hice en un cuaderno, sentada en una roca junto al glaciar, o frente a él, ya no sé, desde donde alcanzaba a ver el hotel. No creo que hubiera nadie cerca, al menos en un par de kilómetros a la redonda.

Este cuento forma parte de Todo lo que Roberta quiere, libro que escribí lejos del nivel del mar. En la mayoría de los cuentos uso experiencias propias. En este y en algún otro, aprovecho historias que tomé “prestadas” (¿o robadas?) de amigos que conocí en la altura.

Foto en abril del 2011, escribiendo alguno de los cuentos de Todo lo que Roberta quiere



21.3.17

Bailarinas, en la nota de Daniel Gigena

Agradezco a Daniel Gigena por haber incluido en su nota sobre danza y literatura a Bailarinas, a pesar de aún ser inédito.

Desayuno con Bailarinas
La antología de cuentos ambientados en el mundo del ballet (que está lista aunque sin editor) está formada por textos de Alejandra Kamiya, Anahí Flores, Ariel Bermani, Carolina Bruck, Fernanda García Curten, Francisco Moulia, José María Marcos, Laura Massolo, Maumy González y Sebastián Grimberg.

La nota completa:


Letras y pasos: cuando la danza baila en nuevas historias 

En el último tiempo aparecieron en el país varias novelas, relatos y poemas de escritoras atraídas por el arte de moverse


LA NACION


JUEVES 16 DE MARZO DE 2017

Paul Valéry se preguntaba si la danza no sería un modelo de las demás artes: las bailarinas mostraban la importancia de un procedimiento aparentemente sin propósito. ¿Para qué girar como un trompo si se puede avanzar en línea recta? Casi siempre encarnada en la figura de jóvenes abnegadas, fue materia de películas donde los estereotipos del padecimiento no se hacían esperar. Antes, los pintores habían captado un elemento aéreo en las formas de la danza: Edgar Degas, en la cumbre, pero también Pablo Picasso y Zinaida Serebriakova. La literatura no dio aún la gran novela de la danza, pero en el último tiempo asomaron en el país varias narraciones sobre esta expresión artística.
Las bailarinas no hablan (Reservoir Books), nueva novela de Florencia Werchowsky, bordea hechos biográficos. "Fui alumna del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, trabajé como refuerzo en el Ballet Estable, formé parte de la primera compañía de Maximiliano Guerra. Dejé de bailar a los 17 años y tuve diferentes trabajos hasta que me senté a escribir novelas, pero la narradora de mi libro es una profesional cansada de bailar e incapaz de hacer otra cosa." Igual que en El telo de papá, su libro anterior, Werchowsky parte de su historia para despejar zonas de ficción. "Hay un consenso alrededor de la bailarina que lo deja todo por su vocación y triunfa cuando la institución reconoce esa pasión. Pero hay otras posibilidades que me interesaba registrar: la historia de la que no triunfa del todo, que baila lo que puede más que lo que quiere; la bailarina aceptada pero no premiada, con un entorno imperfecto y a veces desopilante; la de una institución prestigiosa y al mismo tiempo débil." Werchowsky presentó su novela en el Colón: "Me imaginaba canosa y coreógrafa allí. Ocurrió algo diferente, mucho mejor que en cualquier ficción", dice.




"Me fascinaba leer con mi abuela Mi vida, de Isadora Duncan -recuerda Carolina Bruck-. Invocaba sus dos pasiones: la literatura y la danza. Isadora rescataba una danza más orgánica, que imitaba los movimientos de la naturaleza y se burlaba de la disciplina agotadora de las bailarinas clásicas. Yo era una nena gorda y torpe, así que esa mirada del baile me parecía regia. Invocaba a Isadora y me liberaba de tener que seguir las coreografías de mi maestra." Uno de sus cuentos, incluido en No tenemos apuro (Club Hem), integra la próxima antología de relatos sobre la danza, Bailarinas, compilada por Anahí Flores.
"Siempre me atrajo el ballet, aunque de forma conflictuada -retoma Flores-. Me fascinaba ir a clase, repetir el mismo movimiento, deletrear con los músculos, pero mi cuerpo no se amoldaba." Así nació "No sin cariño", relato inédito que la poeta y narradora trabajó por años. Ahora, llamó a colegas que invitó a participar de la antología. "Surgieron cuentos policiales, fantásticos, eróticos. En la etapa de revisión, me encargué de ajustar detalles de técnica y movimiento: ¿cómo mostrar un grand jeté sin que sea una mera descripción técnica y que se entienda?" Así, sumó al de Bruck, entre otros, relatos de Alejandra Kamiya, Ariel Bermani, Fernanda García Curten, Francisco Moulia, José María Marcos, Laura Massolo y el suyo, claro.




Blanca Lema publicó en 2016 Contradanza (Paradiso), novela "escrita como un ensamblaje coreográfico. Cada capítulo -cuenta- es un paso de danza y una metáfora que vamos comprendiendo a medida que bailamos y devenimos con los personajes. A veces con dolor, otras con extraño humor". Lema pasó de la danza clásica en la que se formó en el Colón a ser una de las primeras alumnas de Rhea Volij, maestra de danza butoh. "Se produjo en mí un aprendizaje tremebundo. Borré el ego. Me embrujó ese salto del lenguaje representativo de las palabras al lenguaje ideográfico de la danza."
Poeta, narradora, bailarina y autora de Fantasmata (Mansalva), Carmen Iriondo observa el lenguaje universal de la danza. "Los pasos se llaman igual en cualquier lugar del mundo y se aprenden con la misma voracidad que la escritura y su gramática." Y señala otra concordancia: la poesía y la danza tienen en común una forma velada de decir. La narrativa, según Iriondo, se parece más a los ballets, "con sus argumentos paradigmáticos, ritmos y clímax; la danza contemporánea rompe poéticamente con esa estructura".

Un poco más atrás



De ese año es también la novela El gusto, de Leticia Martin (Pánico el Pánico), donde la danza es una interfaz entre el deseo y la represión. "Narrar, como bailar, es ser libre en los márgenes de una gramática normativa."Ya en 2012 Fernanda García Curten publicó La reemplazante (Bajo la Luna). "Por años fue un proyecto pegado a mi experiencia, en torno al personaje de una bailarina que viaja a México para suplir a la estrella oficial. Me llevó una década concluir la novela. Me apasionaba el dilema humano del personaje, su aspecto menos glamoroso, la parte mecánica de la muñeca viva. Experimenté ambos lenguajes: movimiento y escritura. Para mí, bailar era un hermoso callar", agrega.