20.11.18

Taller de cuentos de navidad

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Hay lugar. 
Más info en: anahiflores.org@gmail.com


15.11.18

La poesía tiene que ver con la intuición - entrevista


ANAHÍ FLORES POR AUGUSTO MUNARO - ENTREVISTA

Link a la entrevista en Malón Malón.

La poesía tiene que ver con la intuición

Ciertas horas de la primavera (La Carretilla Roja), de Anahí Flores, captura el aura de un lugar tan singular como es Plaza San Martin, pleno corazón de Capital Federal. Poemas en serie que, como verdadera caja negra, registran las pequeñas acciones de un sitio donde “la arquitectura, las costumbres particulares, las callecitas, los habitantes, tanto los actuales como quienes vivieron en el mismo espacio pero en otras épocas”, como dice en esta entrevista Flores, tejen una urdimbre de sensaciones ricas en el detalle sensorial.

⎼Si no me equivoco, éste es tu segundo poemario donde la plaza figura como sitio central de tu poética. Más allá de haber vivido a escasas cuadras de Plaza San Martín, ¿qué ocurre en este espacio público que tanto te atrae?

-Vos te referías a Catalinas y La plaza, que son los dos poemarios anteriores que también dan vueltas por estos paisajes y temas. De chica pasaba muchas horas en la plaza de enfrente de casa, que queda junto a las vías de un tren carguero. Más adelante, cuando vivía a dos cuadras de la Plaza San Martín, iba a caminar con el cochecito y escuchábamos los trenes que salen de Retiro. Ahora, con mi hija, pasamos las tardes en la plaza de al lado de la estación Florida. Las plazas con árboles y juegos son lugares donde pasan cosas. Además de pasar el tren, uno va, se instala y conversa, toma mate, si tiene suerte lee. Por su parte, los niños construyen mundos. Tal vez por todo eso son espacios que me atraen. Pero no creo que sea la plaza en sí el tema central en Ciertas horas de la primavera, sino cierta atmósfera del lugar: la arquitectura, las costumbres particulares, las callecitas, los habitantes, tanto los actuales como quienes vivieron en el mismo espacio pero en otras épocas y, si uno presta atención, siguen latentes.

⎼El factor cronológico articula el libro, vertebra el ritmo del texto de forma decisiva. Cada poema responde a un horario del día en particular. Más allá de lo obvio, Anahí, ¿cómo comulga dicha precisión temporal en relación al sentir poético?

-Hay un punto en el que doy muchas vueltas, en prosa y en poesía: encontrarle el título a cada texto. Sobre todo en poesía, ya que en un libro pequeño de, por ejemplo, veinte poemas, hay que lograr veinte títulos (más el del libro). O bien optar por que la serie lleve un título general y cada poema quede sin nombre (eso hice en Se durmió, editado por Bajo la Luna). Siendo que los poemas de Ciertas horas... responden a diferentes atmósferas del día, se me ocurrió ponerles horas precisas y solucionar, con ese recurso, el tema de los títulos. Algunos son matinales, otros de mitad del día (teniendo en cuenta que está inspirado en un barrio céntrico, es una mitad del día muy agitada), y otros de fin de día. Al ponerles una hora, quedaron organizados. Me encanta el orden: que ese poema vaya en esa página y no en cualquier otra, de la misma forma que un poema tiene tantos versos o sílabas, y es esa cantidad y no otra cualquiera la que le sirve.

⎼¿Detectás cierta mirada voyerista en la construcción de esa descripción obsesiva por el detalle, a lo largo de todo el poemario? ¿Por qué?

-Soy muy de mirar y escuchar, pero eso no es algo mío sino de todo aquel que escribe. Un amigo me preguntó el otro día cómo había retenido en la memoria algo que mi hija había dicho. Era un discurso largo y lo reproduje por escrito con las palabras y la sintaxis de una niña de seis. Por supuesto que debo haber hecho alguna adaptación, pero la forma de construir las frases se mantenía. Imagino que es porque estoy entrenada (no me quedó otra) en retener diálogos y voces (con voz me refiero a la forma de hablar). Si no, ¿cómo haría para robar diálogos de “la realidad” y luego incluirlos en la voz de algún personaje?

⎼¿Cómo empezás a escribir un poema?, ¿escribís metódicamente?

-Esta pregunta puede tener tantas respuestas como poemas haya escrito, y siendo que escribo desde los catorce años… Los poemas suelen desprenderse, en mi caso, de algo que me pasa o escucho por la calle. O de los sueños. Anoto mis sueños todos los días al despertar y a veces releeo alguno, más tarde, y lo reciclo en un poema. En realidad, me encantaría saber cómo empiezo a escribir un poema. Pero temo que, si eso pasara, dejaría de sorprenderme y correría el riesgo de empezar a escribir en serie.

⎼En los poetas actuales parece dominar más el anhelo de prestigio social que el de lograr una obra trascendente. ¿Cómo vivís el hecho al coordinar talleres de lectura y escritura?

-Es verdad que no pocas veces la gente llega al taller con la ambición de publicar y no de escribir (mucho menos de corregir y corregir y corregir). Esto pasa tanto en poesía como en narrativa. Por suerte, o se quedan poco tiempo en mi taller porque se dan cuenta de que por ahí no va la cosa conmigo, o bien descubren el placer del oficio y agradecen que los haya disuadido de publicar sin corregir.

⎼¿Qué ventajas ofrece la enseñanza de la poesía? ¿En qué vicios se incurre cuando se pretende enseñar poesía?

-¿Ventajas? No lo sé. Nunca pensé que podría haber ventajas en enseñar poesía. Siempre relacioné con el marketing los beneficios de cualquier cosa. Prefiero encarar una actividad por el placer de hacerlo y no por un premio que pueda llegar en algún momento.

Y no pretendo enseñar poesía. No sabría cómo hacerlo. Lo que sí hago y me encanta es generar las condiciones para que, quien se acerque a mi taller, tenga ganas primero de leer, leer mucho, y en una segunda instancia, de escribir. Vicios al dar un taller puede haber tantos... Por ejemplo: alguien escribe un poema, lo trae al taller para compartir y el tallerista, en vez de pensar en cómo ese poema puede funcionar mejor, se enfoca en pensar cómo lo habría escrito él mismo y lo corrige bajo esa mirada. Ahí tenés, después, esos talleres en los que todos salen escribiendo igual y no están ni cerca de encontrar su propia voz.

⎼¿Qué poetas argentinos considerás vinculables a tu poesía?

-Cuando uno escribe suele armarse un árbol genealógico propio formado por aquellos poemas que más lo transformaron y lo impulsaron a escribir. Suelen ser poemas que uno lee y relee y relee. En ese árbol personal reúno cantidad de poemas de Fabián Casas, otros de Laura Wittner, varios de Jorge Aulicino, algunos de Andrés Neuman y de Eric Schierloh. Me limito, acá, a mencionar las influencias nacionales y actuales, si no, la lista seguiría.

⎼El maestro Aldo Oliva decía que escribir poesía significaba “romper las reglas del juego”. ¿Contás con alguna definición personal sobre la poesía?

-Definir la poesía, me parece, va en contra de la poesía misma. Porque no se trata solo de una técnica o de palabras. Tampoco tiene que ver con escribir en forma de verso. Va más allá. Es una manera de ver el mundo y de actuar en él también. Una manera de tocar. Cada uno percibe la poesía de forma diferente. Por eso podría haber tantas definiciones como lectores haya. Y si bien estoy diciendo que no sabría definir la poesía, sí sabría, creo, identificar algo que no lo es. La poesía se lleva mal con lo no sincero, con las posturas. En eso se parece a las relaciones humanas.

⎼¿Cómo relacionarías tu experiencia sobre la filosofía del Yôga con tu poesía? ¿Notás puntos de contacto? Si es así, ¿cuáles son?

-El Yôga es una filosofía de vida que lleva al autoconocimiento. Escribir poesía me lleva al mismo lugar, aunque por otro camino. Cuántas veces me entero de cosas porque, primero, las escribo. Al releer el borrador de un poema, puede pasar que me encuentre con aspectos de mí misma que desconocía. O que organice sensaciones que estaban dispersas y, al ordenarlas, cobren sentido. La poesía tiene que ver con la intuición. Uno escribe desde un lugar que no es el cerebro ni el corazón. Es otro canal por el que pasan las palabras, un canal más sutil que el de las emociones o los pensamientos. Y es un canal que se entrena mucho con la práctica del Yôga. Por supuesto que no siempre es así y es probable que no todos escriban de esta forma, estoy dando apenas mi opinión basada en cómo lo vivo yo.

⎼Anahí, vos estás dividida entre poesía y prosa. ¿Escribís poesía continuamente?

-No lo veo como estar dividida, más bien multiplicada. Ambos géneros se alimentan e invaden entre sí. Escribo continuamente (“escribir” es también tomar notas, revisar un texto, dejar que alguna idea fermente).

-¿Cuándo sabés que lo que vas a escribir va a ser un texto en prosa o un poema?

-A veces sé que lo que voy a escribir es poesía o prosa desde antes de empezar. Otras, me embalo con la idea de algo que creo que será un cuento, pero en el proceso veo que no cierra y termino encontrándole la vuelta al pasarlo a poesía. Me ocurre más de prosa a poesía que el camino inverso.

-¿Te reconocés siempre en los poemas que escribiste?

-Me reconozco en los poemas que escribí igual que en las fotos de antes. Si el poema o cuento es muy lejano, probablemente la sensación sea semejante a ver fotos de la adolescencia, con peinados y ropa que hoy no usaría.

⎼¿Leer poesía te estimula a escribir poesía?

-Leer poesía que considero buena, sí. Es casi un llamado, como escuchar una voz que canta y no poder contenerte de ir y sumarle una segunda voz.

⎼Por último, Anahí, ¿pensás que la poesía puede ser criticada?

-Todo puede ser criticado. El peinado de alguien, la forma en que decoró la casa, la decisión de tener o no un hijo. No veo por qué la poesía estaría libre de la crítica.



Anahí Flores (Buenos Aires, 1977) se dedica a escribir y a coordinar talleres. Publicó Limericks cariocas (2011), Catalinas Sur (2012), Todo lo que Roberta quiere (2013), y Se durmió & otros poemas (2015), ganador del Tercer Premio del Fondo Nacional de las Artes, y Criaturas (2018).

13.11.18

Taller de cuentos de navidad

Taller de cuentos de navidad. Lectura y escritura.
Anotate a través de: anahiflores.org@gmail.com

9.11.18

Anfibias

Comparto un micro video donde cuento sobre cómo surgió el cuento Anfibias.
Si quieren leerlo, búsquenlo en el libro Criaturas (Alto Pogo, 2018).


6.11.18

Taller de poesía

Te invito a tener un fin de año lleno de poesía


1) Funciona por mail, a distancia. La clase es un PDF, y ahí irán poemas para leer, comentarios míos sobre esos poemas, alguna propuesta de escritura. Quienes quieran escribir y compartir el material, lo harán por mail también y yo daré una pequeña devolución en la clase siguiente.
2) Son cinco clases, te paso las fechas: 18, 20, 22, 26 y 29 de diciembre. Igual, la clase la hacés el día que quieras, ya que queda en tu mail.
3) Las inscripciones están abiertas y podés reservar y pedirme más info en: anahiflores.org@gmail.com
4) Te agradezco muchísimo si compartís esta info entre conocidos que creas que puedan tener interés en el taller. Es la mejor forma de armar los grupos: con amigos de amigos.


30.10.18

La noche de los museos

El sábado 10 de noviembre participaré de La Noche de los Museos, en el Espacio Punto de Fuga, junto a otras autoras de Halley Ediciones.

Lugar: Velasco 405
Fecha y hora: 10 de noviembre a las 21 hs.

Voy a leer algunos poemas de Quizá en otro momento

(Pueden ver un adelanto de ese libro en el blog del gran Jorge Aulicino).

Están invitadísimos.







16.10.18

Criaturas en Revista Kundra



Reseña de Criaturas para la Revista Kundra


Nació en Buenos Aires en 1977. Se dedica a escribir y dar talleres literarios. Tiene publicados: Ciertas horas de la primavera (La Carretilla Roja). Se durmió y otros poemas (Bajo la Luna, Tercer premio FNA). Todo lo que Roberta quiere (Textos Intrusos); Catalinas Sur (Eloísa Cartonera) y Limericks cariocas (Caki Books Editora, Río de Janeiro). Participó de distintas antologías de cuentos y poesía.

Mirar la tapa y empezar a sentir una especie de picazón. Empezar a leer y tener en claro que hay que ponernos cómodos para estar incómodos. Y para darnos cuenta de esto no hay que terminar libro, basta con leer algunos párrafos de “Anfibias”, cuento con el que abreCriaturas, de Anahí Flores.

Ya desde el inicio Anahí Flores nos hace notar que nada en su escritura es azaroso, que tenemos que estar atentos porque no hay detalles de relleno, que estamos frente a un todo compacto entre lo escrito y lo oculto. Un recorrido que nos va a dejar siempre con la sensación de no haber leído bien, de que nos faltó algo. Y no. Si esperamos una resolución certera de cada texto, este no es el libro.

Cada uno de los textos nos desafía a creer que la próxima vez que enfrentemos una situación habitual o posible (tal como visitar a alguien en el hospital, ir a un chequeo, a un spa o a buscar vacantes a un colegio) deberemos estar más atentos.

Y así, mientras pensamos en eso, volvemos al libro y encontramos refugio, como le pasa a la protagonista de “Lisboa”, que alterna entre la paranoia generada por el exceso de información y conexión y una escapada a Portugal en el 1900: “…Cuando abrís un libro te sentís en tierra firme, a salvo sobre todo de ese movimiento constante que hay en tu cabeza”. Porque ahora todo es más visible, no cómo antes. Y ese antes en el que no saber daba la sensación de estar a salvo, nos puede incomodar cuando los recuerdos despiertan. Aún peor, cuando recuerdos ajenos nos incomodan. Entonces a vos fanático de lo vintage, “Aniversario” tiene para decirte que tengas cuidado, que las antigüedades vienen cargadas de recuerdos que pueden despertar: “Esa misma mañana decidió que sacaría todas las antigüedades de la casa. No hubiera soportado que otros muebles también despertaran”.

Criaturas transcurre y todo empieza a parecer menos absurdo. Cualquiera puede enfrentar a una burocracia Kafkiana por el afán de pertenecer. Incluso desarmar un bar con una simple observación “¿Sabías que este es mi cuarto?”. O recurrir a la injusticia de lo clandestino “Recuerda la sala en penumbras, el médico que ni siquiera la saludó, la anestesia local y el sonido, dentro de ella, igual a raspar una olla que quedó con comida pegada del día anterior”.

Dentro de “Criaturas” no sólo podemos conectar con Kafka, Camus o Beckett también sobrevuelan en algunos pasajes, y eso, enaltece la pluma de la autora, sin dejar de lado que su escritura tiene vida propia

9.10.18

Presentación de Bailarinas - Imágenes

Anahí Flores y Javier Marin

Ariel Bermani, Fernanda García Curten, Laura Massolo y Anahí Flores

Anahí Flores y Carolina Bruck

Maumy González y Anahí Flores

Ariel Bermani, Maumy González, Carolina Bruck,
Laura Massolo, José María Marcos, Fernanda García Curten,
Anahí Flores y Javier Marin.

Bailarina de la escuela Arte XXI


6.10.18

Somos radio


Hace unos días conversé con Mario Giorgi en Somos Radio.
Les dejo la charla en este link.