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3.9.10

La lectora frente al monitor


Presentamos otro texto para la lectora escrito por el autor de El nido prestado, quien (ya que estamos les contamos) fue distinguido con el Premio Oblogo Hipotecario de este año con su cuento Clandestina (vale la pena leerlo).
Otros textos de Darío para la lectora aquí y aquí.

La lectora frente al monitor
El paisaje es un poema, un texto fantástico, una visión mágica de un texto de Michael Ende o de Tolkien, el marco en el que se desarrolla un pasaje de Jack London o la infancia de Máximo Gorki.
Un paisaje, una imagen y en ella, múltiples lecturas, ¿y la lectora? La lectora mira esta nieve, este pino, este universo blanco y verde y lo lee. La lectora lee en este instante; lee y en su cabeza escribe una novela, un cuento, un verso, un ensayo.
Dondequiera que estés, lectora, decime: ¿qué estás leyendo sobre este paisaje verde?


También en El nido prestado.

7.7.10

La lectora de la lectora

Foto: autorretrato de Anahí Flores





A veces, la lectora regresa a libros entrañables que leyó hace ya mucho tiempo. 
Esta tarde -piensa- le gustaría volver a alguna escritora enorme. 
Virginia. Virginia Woolf.  
Toma un libro al azar, lo abre, e inmediatamente reconoce el cuarto. Recorre algunas líneas… Virginia no está en su escritorio. Una, dos hojas más y allí, junto a la ventana, el pequeño sillón concentra la última luz que llega del jardín. Virginia lee. Algunas tardes hace eso, entre el té y la cena. El libro es En busca del tiempo perdido y acaba de cerrarlo sin quitar el dedo índice de entre las páginas. Mira por la ventana. Se pregunta por qué vale la pena leer a los grandes. Por qué Lear o Emma. Por qué Proust. Y alumbra la respuesta: “uno ve después con mayor intensidad; el mundo está como desprovisto de su envoltura y dotado de vida más intensa”.
La lectora cierra el libro sin quitar el dedo índice de entre las páginas. Y mira por la ventana. 

8.3.10

La lectora en Instantáneas

Miguel Sampedro saca y edita fotos con su iPhone y las sube diariamente al blog Instantáneas.
Le gusta encontrar rostros en objetos inanimados, así que si descubren un electrodoméstico con cara de lo que sea, no duden en hacérselo saber.

28.12.09

Métodos de La lectora

foto: Lali






Leer un libro por primera vez es conocer un amigo;
leerlo por segunda vez es encontrar un viejo amigo.
Proverbio chino.
Escoger cualquier libro
por el que uno haya pasado ya
una, dos, varias veces. Abrirlo.
Sentir el olor de sus páginas
y reconocerlo como haría
cualquier mamífero
al reencontrase con un viejo amigo
sea o no de su especie.
Buscar la firma que uno mismo hizo
probablemente en la primera hoja
hace ya algunos años
y que estará metida en el papel
como una cicatriz
o un tatuaje.
Tocarla, sentir su relieve
y luego,
dar un paseo lento por las páginas.
Permitir que aquello
que en lecturas pasadas percibimos,
aflore. No hay que extrañarse si
una nota al margen
(hecha con la misma lapicera
con que, al inicio, trazamos nuestro nombre)
nos brinda alguna pista
sobre lo que pensábamos
años atrás al leer
el mismo ejemplar.
Sonreír si eso ocurre.
Pero entonces
en la esquina inferior de una página
una mancha de mate
verde y aguada como una laguna,
surge y despliega
-parece un origami que brota desde el libro-
una tarde en la plaza,
la lona sobre el césped,
la mano de mi amigo tropezando con el mate.
Y sí,
su perfume
ha quedado prendido en las letras de esa página.

También en:
Los martes miento N 185 (revista virtual semanal)