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30.9.14

La lectora en dos mundos



Cuando alguien no está del todo en este mundo, los gatos se acercan. Lo hacen en silencio, prefieren no llamar la atención. Estar en dos realidades a la vez sólo es posible si hay un portal para ir y venir, y eso es lo que ellos buscan. 

La lectora anda en vaya saber cuál galaxia de páginas mientras está, también, sentada en un banco. Los gatos llegan como si tal cosa. Incluso disimulan y miran hacia otro lado. No maúllan, esperan. Saben que ella tiene el pasaje latente en los ojos y que, cuando se descuide, lo podrán atravesar.

28.1.14

La lectora y las flores




Los libros, cuando están cerrados, son sólo objetos. Pero cuando alguien elige uno y lo abre, ese libro se vuelve fuente de muchas cosas. En este caso, la lectora entra al libro como quien llega a un campo de flores. A medida que avanza por las páginas, algunas letras-flores se le prenden a los ojos, se quedan un rato en su mente y luego salen, exhaladas, como esos pensamientos que a veces se escapan por lo alto de la cabeza sin que uno siquiera se dé cuenta.

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Gracias a Origamizate por las flores 

24.12.13

La lectora y los resultados del sorteo de cumpleaños

Hace un par de semanas que estamos con estos preciosos ejemplares dando vueltas por la casa. No nos atrevemos a tocarlos para no encariñarnos. Pero lo cierto es que quieren ser leídos ¿quiénes se los llevarán...?


Hoy es el día del sorteo. Pero antes, había uno de todos esos libros que todavía no habíamos leído y prometimos nuestros comentarios para hoy. 
Es el libro de Juan Manuel Porta. Acá va:


Me leí de un tirón los cuatro cuentos que conforman Los apartados, de Juan Manuel Porta (Editorial Conejos, 2012) y quedé en una atmósfera de desgano y apatía. Con la sensación de que el futuro no importa, o no existe. En todos los cuentos hay mal olor (maderas podridas, heridas que sangran, viejos que no se bañan, prostitutas con costumbres nada higiénicas). El autor tiene la habilidad de narrar escenas desagradables y/o violentas sin mosquearse ni caer en la tentación de opinar, lo cual le agradezco como lectora.

Éste es el primer libro de Juan Manuel Porta y obtuvo el tercer premio del Fondo Nacional de las Artes, edición 2010.

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Y ahora sí... ¡al sorteo! 
Primer paso: anotar todos los nombres en dos hojas.


Segundo paso: cortar los papelitos y ponerlos en una canasta.


 Tercer paso: sacar catorce papelitos.


Y el primero es ¡Emma S!


Acá está la lista de los ganadores (no tenemos foto de cada papelito como en el caso del de Emma S, algunos cayeron a la pileta, otros quedaron desparramados por el pasto...):

Emma S
Sebastián Robles
Darío Kullock
Amalit
Eleonora Eberle
MC
Lourdes
Nicolás Monasterio
Miriam Tessore
Betina Z
Ceci Koiko
Malvona
Pao Bianchi
Natalia Bocassi

¡Felicitaciones! Y gracias a todos los que se tomaron el tiempo de dejar un mensaje, y a los autores y editoriales que donaron sus libros, plaquetas y revistas para celebrar el cumpleaños del blog.
A los ganadores: vamos a tratar de que pasen a buscar sus premios durante los próximos dos meses, más o menos, así los libros -que están ansiosos por que alguien los abra y los lea- no se quedan melancólicos todo el verano, guardados en el baúl de la lectora.

Los cuatro ejemplares de La Balandra son para: Emma S, Sebastián Robles, Darío Kullock y Amalit.
Un detalle trivial, de María José Eyras (Alción Editora), para Eleonora Eberle.
Unos días en el Brasil, de Adolfo Bioy Casares (Editorial La Compañía), para MC.
Yo quería ser astronauta, de Bruno Szister (Editorial Conejos), para Lourdes.
La hija de Marx, de Clara Obligado (Editorial Galerna), para Betina Z.
Mi tercer marido, de Gabi Luzzi (Paisanita Editora), para Ceci Koiko.
La vida real, de José María Brindisi (Paisanita Editora), para Malvona.
Mankato es un lugar terriblemente solitario, de Ariel Bermani (Paisanita Editora), para Pao Bianchi.
La plaza, de Anahí Flores (Paisanita Editora), para Natalia Bocassi.

Y ya que estamos... ¡felices fiestas!
Un beso de
La lectora
(en el día de navidad).








22.10.13

La lectora y las elecciones II


foto: Miguel Sampedro


A propósito de la libertad de elegir: se cree que es uno el que elige el libro que va a leer, pero ¿no será el libro el que elige al lector? La lectora se queda mirando unos libros mientras espera alguna señal: un temblor en una tapa, una hoja que se mueva, algo que indique que uno de ellos la llama.

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Ver La lectora y las elecciones I

2.7.13

La lectora en pausas


foto: Diego Nogueira

La lectora lee un par de páginas. Se levanta, mira por la ventana, sale a dar una vuelta. Precisa aire, pero lleva el libro con ella. No se resiste y lo abre otra vez. Pasadas dos o tres páginas lo cierra. Camina más rápido. Es de esos libros que uno abre y cierra. No te larga hasta que lo terminás, pero tampoco se deja leer de corrido. Hay algo como una música que queda en el aire aunque el libro esté cerrado y, mientras no se diluya, es imposible hacer cualquier otra cosa.

15.1.13

La lectora a solas




A veces le preguntan a la lectora qué interpretó de este o aquel libro. Es como preguntarle de qué color es la ropa interior que lleva puesta. Por lo general, no responde. Da vueltas, cambia de tema. Y cuando encuentra un libro del que de ninguna forma va a opinar (suele ocurrir que ni siquiera ella sabe qué le ve, aunque la atrape), lo lee a solas. Se va a un lugar donde nadie la encuentre y no vuelve hasta haberlo terminado. En eso está ahora. Sigamos de largo.

8.1.13

La pequeña lectora y una reseña de Catalinas Sur

La pequeña lectora empieza el año leyendo una novela.



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En el número 28 de la revista Narrativas, aparece la reseña que Vanessa Alanis hizo de Catalinas Sur. Para descargar la revista en PDF, pueden entrar aquí. La reseña también aparece en el blog de Vanessa. 
Y hay más novedades sobre Catalinas... pero hasta que no se concreten, mejor no decimos más :-)

8.5.12

La lectora láctea




foto: Miguel Sampedro


Lee una página y cambia un pañal. Avanza dos páginas más y se detiene: la pequeña grita de hambre. La pone al pecho y, con la mano libre, se las ingenia para pasar las páginas. Con cada movimiento de la boca del bebé, la lectora digiere entre tres y cuatro palabras. Del libro también emana un suave aroma a leche.