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10.1.12

La lectora en el vientre, por Darío Kullock

En los últimos días de diciembre/2011 ocurrió algo bárbaro: varios amigos de la lectora le enviaron textos. Gracias a eso durante enero, la lectora "se toma vacaciones" y los deja en buena compañía. En esta primera entrega, tenemos a Darío Kullock con La lectora en el vientre. Darío (del blog El nido prestado) ya anduvo por aquí de visita con varios cuentos cortos. Para las próximas tres semanas, tendermos a Diego Ariel Vega (martes 17), a María José Eyras (martes 24) y a Lilly Burgwardt (martes 31). Quién sabe aparezcan nuevos textos y la lectora extienda sus vacaciones durante febrero... así que todos los lectores del blog siéntanse invitados a colaborar :)
Saluditos de
la lectora.

La lectora en el vientre
El sonido de una voz llega a través del líquido amniótico. Historias, relatos y limericks, luego de haber pasado por las fibras y los tejidos, rozan los oídos de aquella que, replegada en torno a lo que será un ombligo, nacerá en breve.
En su cabeza aún no hay imágenes del mundo exterior, ni siquiera sabe que eso existe. La voz que llega es ella misma. Ella es adentro, ella es afuera y ella es esa voz que lee con un ritmo de respiración y sangre.
En unos días entrará en un universo con gravedad y todos los sonidos serán en un principio insoportables.
Los  cuentos llegarán leídos por esa voz que una vez fue intrauterina, cuando las palabras no significaban nada y por eso no eran todavía palabras. Sin embargo una huella mnémica como una filigrana en algún lugar de alguna célula, vibrará empáticamente cuando lean. No sabrá por qué las palabras la transportan a un lugar del cual no tiene recuerdos.
En algún momento, ella leerá por sí misma y su voz será la del vientre y la de su propia madre, otra vez.




3.1.12

La lectora da los resultados del sorteo de cumpleaños

La lectora empezó a ser escrita en diciembre del 2009 y el blog nació en diciembre del 2010. Por eso diciembre es mes de cumpleaños por partida doble y lo festejamos con un sorteo. ¡Manos a la obra! Aquí estamos con la lista de los participantes, los premios y una maceta vacía.


Para esto nos servirá la maceta vacía...


El primer nombre que sale es... Gabriela (del blog Ratón de biblioteca), que se lleva el libro de poesías de Alelí Manrique.


Y el segundo nombre que sale de la macetita anaranjada es... Sabina, que podrá aprovechar el verano para leer el libro de Darío Kullock.


Hay otro ejemplar más del libro de Darío, que será para... Fran Banegas :-)


Y la colección 2010-2011 de Oblogo se va con... Carolina Klapko, lo cual parece hasta a propósito ya que Caro siempre anda con una Oblogo en la mochila (ahora tendrá muchas más). 


Llega el turno de Limericks cariocas, y de la maceta anaranjada sale un papelito que dice ¡Corazón de algodón!


Tenemos todavía dos papelitos más para sacar... esta vez para los dos ejemplares digitales de Límeri de Bueno Saire, de Riccardo di Pagliaccio y Julio Flores. Y las ganadoras de dos blogs amigos: Valeria, del blog La lectora omnívora y Miriam Tessore del blog Emma Gunst.


Gracias a todos por participar, quienes ganaron comuníquense con la lectora para retirar sus premios y gracias a los autores que donaron sus libros (Darío Kullock, Alelí Manrique, Lucía Miranda, Anahí Flores, Julio Flores, Riccardo di Pagliaccio y Oblogo). 
Abrazos de
la lectora.













3.12.10

Leer en tiempos de presbicia

Darío Kullock, amigo de la lectora y escritor del blog El nido prestado, nos envió estas extrañas confesiones de lector. Luego de reflexionar bastante en el asunto, decidimos compartir sus experiencias con nuestros lectores como método preventivo ya que está llegando el verano y a cualquiera, en un descuido, le podría pasar. ¡Gracias, Darío!
Efecto lupa
Leer en la calle te quema la cabeza. A mí se me quemó la cabeza, no me mires así. La gente en el colectivo se alejaba como si fuera un leproso y era por el olor a pelo quemado. Mirá, mirá cómo me quedó, todo chamuscado, todavía me sale humo.
Vos sabés que a mí me gusta leer hasta cuando voy caminando, pero ahora con la presbicia tengo que salir con anteojos aunque vaya al quiosco de la esquina porque si no, no puedo leer. Todo es más difícil, perdés la visión periférica y eso es muy grave porque la visión periférica es la que te permite leer y al mismo tiempo no llevarte un árbol por delante o pisar cualquier cosa mientras vas leyendo y caminando. Y encima se te quema la cabeza.
Hoy había un sol que rajaba las baldosas y para cruzar la calle me tengo que subir los anteojos porque me mareo, me los pongo en la cabeza como una vincha ¿entendés? Después de cruzar me los pongo otra vez para seguir leyendo. Vos te preguntarás qué tiene que ver lo del sol con lo de los anteojos en la cabeza. La cuestión es que hace una hora, eran las doce del mediodía, me paró el semáforo de Santa Fe y Pueyrredón, así que me subí los anteojos a la cabeza y me quedé ahí, apoyado en el semáforo esperando el verde. ¡Gran error! Al ratito nomás empecé a sentir el olor del pelo quemado, cada vez más fuerte, y después el humo. Te juro que no sabía de dónde venía semejante peste hasta que la gente empezó a mirarme la cabeza ¡Tenía la cabeza como una antorcha! No sabés qué susto.
Al principio pensé que algún turro me había prendido fuego, pero no: era el “efecto lupa” ¿te das cuenta? Los anteojos en la cabeza, el sol, ¿te acordás cuando encendíamos fuego con la lupa en el patio de la escuela? Bueno, lo mismo. Los anteojos me hicieron el “efecto lupa”.
Por eso te digo, después de los cuarenta te agarra la presbicia y ya no podés leer en la calle mientras caminás, por el efecto lupa. Leer en la calle te quema la cabeza.

Otros textos que Darío escribió para la lectora:

3.9.10

La lectora frente al monitor


Presentamos otro texto para la lectora escrito por el autor de El nido prestado, quien (ya que estamos les contamos) fue distinguido con el Premio Oblogo Hipotecario de este año con su cuento Clandestina (vale la pena leerlo).
Otros textos de Darío para la lectora aquí y aquí.

La lectora frente al monitor
El paisaje es un poema, un texto fantástico, una visión mágica de un texto de Michael Ende o de Tolkien, el marco en el que se desarrolla un pasaje de Jack London o la infancia de Máximo Gorki.
Un paisaje, una imagen y en ella, múltiples lecturas, ¿y la lectora? La lectora mira esta nieve, este pino, este universo blanco y verde y lo lee. La lectora lee en este instante; lee y en su cabeza escribe una novela, un cuento, un verso, un ensayo.
Dondequiera que estés, lectora, decime: ¿qué estás leyendo sobre este paisaje verde?


También en El nido prestado.

9.6.10

La lectora en su auto
















Una vez más, nuestro amigo de El nido prestado escribió un cuento para la lectora, y esta vez con la foto automovilística hecha por Miguel Sampedro, leyendo el libro que nos regaló Cecil durante el swap organizado por Sweet Carolaine.

La lectora en su auto

La lectora se sube a su auto nuevo pero a las pocas cuadras siente un tironeo, un síntoma inequívoco de síndrome de abstinencia. Necesita continuar el libro que dejó marcado en la página 46 con la oreja superior de la hoja doblada. Acostumbrada como está a leer mientras viaja en el colectivo o en el tren, su nueva adquisición automotriz es un estorbo, una molestia imprevista. En el siguiente semáforo despliega el libro en la página señalada y busca el renglón en el que su lectura se vio interrumpida. El tiempo demuestra otra vez su relatividad y lo que para la lectora es un momento insuficiente, para el resto de los conductores es una eternidad y aunque ella ignora los gritos y bocinas, una mano golpea su ventanilla y la devuelve a la realidad. La lectora se detiene junto al cordón para terminar ese párrafo, no puede seguir rumbo al trabajo sin saber cómo termina, y lo mismo le pasa con el párrafo de abajo y luego con el siguiente. La lectora llega tarde. Con el pasar de los días trata de perfeccionar su método de lectura e intenta de varias formas leer cuando el auto se detiene, bendiciendo los embotellamientos porteños, pero sus llegadas tarde la dejan al borde del despido. Finalmente la lectora concluye que manejar un auto y leer son actividades incompatibles y peligrosas cuando van juntas. Los días siguientes la lectora viaja nuevamente en colectivo, vende el auto y recupera sus horas de lectura, los pormenores del tránsito quedaron nuevamente fuera de su universo

25.5.10

La lectora en el espacio

Darío Kullock tiene un blog de micro ficciones, donde vale la pena meterse y deambular por los posts -la lectora lo hace de vez en cuando-. Y entre sus cuentos fantásticos apareció uno donde conviven el Quijote, Sancho, los molinos, una nave espacial y... la lectora. Los dejo en compañía del texto: 


La lectora en el espacio
La nave sigue su trayectoria inequívoca como inequívocos fueron los cálculos de la computadora central de la Tierra.
Ana controla el funcionamiento de los sensores de presión, temperatura y humedad de la cabina. Todo fue previsto para que descienda automáticamente sobre ese planeta que será  la salvación de la humanidad. Todo menos una única maniobra manual que deberá hacer Ana en el momento oportuno.
La tecnología avanzó, tal vez más rápido que lo que el hombre tardó en adaptarse a ella. Por eso mientras la Tierra exhala sus últimos suspiros, Ana se dirige a otro planeta como un pájaro huérfano va hacia un nido prestado.
Todo funciona bien, se acerca al sol según lo previsto. Ana sólo tiene que estar atenta para accionar los cohetes que la lancen más allá de la órbita solar.
Algunas costumbres fueron remplazadas por otras, los libros por ejemplo. Hace decenas de años que no se fabrica papel, por la escasez de árboles y por el auge de los libros virtuales.
Sin embrago Ana conserva como un tesoro antiguo un libro que lee y relee; pasando sus páginas secas con la yema de los dedos por la superficie áspera, oye el sonido y huele el aroma amarillo del papel viejo. Disfruta de la lectura "a la antigua" con un placer ancestral que sobrevive a la velocidad acelerada de la lectura virtual.
"El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha". La nave viaja por el espacio y ella por los campos manchegos. Quijano lee hasta la locura y Ana lee con Quijano mientras desde la ventana redonda de su habitación voladora entra el brillo de las estrellas.
En pocas horas tendrá que presionar el botón para que la nave no sea aprisionada por el sol. El andante caballero de la brillante armadura arremete contra los molinos de viento y la nave se acerca a la órbita incandescente del sol. Ana deberá interrumpir en algunos instantes la carrera de Rocinante para accionar los controles y asegurar el futuro de la humanidad. Observa la luz del tablero pidiéndole que se prepare y vuelve al molino. "...y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo". La nave sigue avanzando hacia la estrella solar, la temperatura comienza a subir y Sancho insiste con "que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza..." Una sirena suena para despabilar a Ana. "Despabilar", piensa Ana, y tiene una imagen fugaz de Quijano escribiendo al pabilo de una vela. Don Quijote hace oídos sordos a las advertencias de Sancho y Ana está tan lejos que no escucha a su escudero.
La nave se pone al rojo vivo, Rocinante sigue rodando sobre la pradera y el hidalgo caballero gira maltrecho atrapado por los brazos del gigante que según Sancho son las aspas del molino, y los metales se mezclan con los plásticos mientras el jinete que sale disparado y licuado por el calor se dirige al centro de la órbita para formar parte de esa estrella candente junto con Ana, con los gigantes y con Sancho, que insiste en vano por última vez con su bruta cantilena de hombre sencillo, tratando de convencer a Ana de que no son otra cosa que molinos de viento.