La lectora en estos tiempos tomó la costumbre de ir contando en voz alta todo lo que hace. “Ahora vamos a poner agua para el mate”, “Ahora nos vamos a bañar”, “Ese timbre es la puerta: están llegando visitas”, “Ahora te voy a dar de comer”, “Y, ahora, nos vamos a dormir”. Tanto es así que, más que lectora, ahora es una voz narrativa, y es la beba quien la lee día y noche.